Rasmussen rozó la historia ante los Yankees y una insólita intervención del techo marcó el noveno inning entre Padres y Brewers en una jornada que dejó mucho más que cuatro resultados.
Por Víctor Eric De Los Santos
La primera jornada de las Series Divisionales dejó cuatro equipos arriba 1-0. Chicago blanqueó 3-0 a Cleveland, Los Ángeles derrotó 5-3 a Atlanta, Tampa Bay venció 1-0 a los Yankees y Milwaukee superó 3-2 a San Diego. Eso dicen los resultados, pero octubre rara vez cabe completo dentro de un boxscore.
La jornada dejó a un lanzador persiguiendo un juego sin hits hasta el octavo inning y al bateador que finalmente lo rompió eliminado segundos después intentando alcanzar tercera. Horas más tarde, una pelota potencialmente decisiva encontró algo que normalmente no participa en un juego de béisbol: el techo.
⚾ La jornada, de un vistazo
White Sox 3–0 Guardians
Dodgers 5–3 Braves
Rays 1–0 Yankees
Brewers 3–2 Padres
Cuatro partidos. Cuatro equipos delante 1-0. Pero dos historias sobresalieron.
Rasmussen estuvo a cuatro outs de la historia
El marcador final dice Rays 1, Yankees 0, pero para comprender el partido hay que mirar bastante más allá. Drew Rasmussen dominó a Nueva York durante ocho entradas y llevó el intento de no-hitter hasta el octavo.
Rasmussen llegó a retirar 15 bateadores consecutivos y alcanzó los 10 ponches, igualando la mayor cantidad en un partido de postemporada en la historia de los Rays. Cuando comenzó el octavo, Nueva York todavía no había conectado un hit y el derecho estaba a cuatro outs de completar el no-hitter.
Mientras Rasmussen iba construyendo aquella actuación, Tampa Bay había conseguido exactamente lo necesario para ganar. En el tercero, Jonathan Aranda castigó un cambio de Gerrit Cole y envió la pelota más allá de la verja del right-center para colocar el partido 1-0.
No volvería a anotarse otra carrera. Los Yankees permitieron solamente una, pero Rasmussen convirtió esa mínima ventaja en algo enorme. Tampa Bay no necesitó otra.
El hit que terminó dos cosas a la vez
Con dos outs en el octavo, Austin Wells conectó un sinker de Rasmussen y envió una línea hacia el jardín derecho. La pelota cayó y terminó con el intento de no-hitter, pero la jugada todavía no había terminado.
Wells llegó a segunda y decidió continuar hacia tercera. Victor Mesa Jr. recuperó la pelota, Taylor Walls intervino en el relevo y Junior Caminero completó el out en tercera. Wells había conseguido el primer hit de los Yankees y, segundos después, se convirtió también en el último out de la entrada.
El mismo batazo que terminó con el no-hitter terminó también con el inning.
Bryan Baker se encargó del noveno y Tampa Bay preservó el 1-0. En un partido decidido por un solo swing, Rasmussen había llevado a los Yankees hasta el octavo sin permitirles siquiera un hit.
En Milwaukee, el béisbol encontró el techo
Horas después apareció una historia completamente diferente. San Diego tomó ventaja 2-0 en el segundo inning, pero Jackson Chourio empató el partido con un cuadrangular de dos carreras en el tercero y William Contreras rompió la igualdad con un jonrón solitario en el séptimo. Milwaukee llegó al noveno arriba 3-2.
Dustin Harris abrió la entrada con un sencillo y Manny Machado se ponchó. Con un out, corredor en primera y los Padres perdiendo por una carrera, Ty France enfrentó a Trevor Megill.
Megill lanzó una recta de 98.9 mph y France hizo contacto a 105.3 mph. La pelota salió con un ángulo de 49 grados, tomó altura hacia el jardín izquierdo y entonces dejó de ser una jugada normal.
Una pelota, un cable y un partido en juego
El batazo golpeó un cable de la estructura del techo cerrado de American Family Field y cambió de trayectoria. Jackson Chourio, que seguía la pelota desde el jardín izquierdo, terminó debajo de ella y realizó la atrapada para el segundo out.
San Diego desafió la decisión, pero la revisión mantuvo el out. No fue una interpretación improvisada: las reglas particulares de American Family Field establecen que una pelota bateada que golpea el techo, una viga o un cable sobre territorio fair permanece viva. Si un defensor la atrapa antes de que toque el suelo, el bateador es out.
Techo, viga o cable sobre territorio fair → pelota viva.
Si la pelota es atrapada antes de tocar el terreno, el resultado es out.
La decisión arbitral, por tanto, tenía sustento reglamentario. La discusión más interesante estaba en otro lugar: ¿qué habría ocurrido con aquella pelota si el cable no hubiera interrumpido su vuelo?
¿Pero era jonrón?
Desde el terreno parecía posible. France estaba convencido de que la pelota tenía distancia y el mánager de San Diego, Craig Stammen, también consideró que podía salir. La impresión era comprensible: un batazo a 105.3 mph en el noveno inning, con un corredor en primera y el equipo perdiendo 3-2, parecía tener potencial para cambiar por completo el partido.
Los datos, sin embargo, obligan a introducir una cautela importante. La pelota salió muy fuerte, pero lo hizo con 49° de ángulo de salida: una trayectoria extraordinariamente elevada. Desde que Statcast comenzó a registrar estos datos, solamente 10 jonrones que superaron la cerca habían sido conectados con un ángulo de salida de 49° o más, y ningún jonrón en American Family Field había superado los 46°.
mph de salida
ángulo de salida
parques como HR
La estimación de Statcast por parques añade una segunda advertencia contra la impresión inicial: con esas características, el batazo habría sido jonrón en solo uno de los 30 estadios de Grandes Ligas, Daikin Park, en Houston. No se trata de decir que tenía una probabilidad de jonrón de 1 entre 30; es una comparación de cómo ese batazo proyectaba en las dimensiones de los distintos parques.
La percepción sugería un posible jonrón. Los datos dicen que era un resultado poco probable.
Eso cambia la manera de contar la jugada. Los datos no respaldan la afirmación de que el techo convirtió en out un cuadrangular prácticamente seguro; tampoco permiten reconstruir con absoluta certeza dónde habría terminado esa pelota concreta. El cable interrumpió su vuelo antes de que pudiéramos observar el desenlace natural e incluso dejó abierta la duda de si habría terminado en territorio bueno o foul.
Ahí está precisamente el valor de los datos: no reemplazan lo que vimos; nos ayudan a interpretarlo. France podía sentir que la había sacado y la imagen en directo podía producir esa misma impresión, pero 49° de ángulo de salida, los antecedentes históricos y la estimación de 1 de 30 parques obligan a contar una historia más matizada.
“El techo no necesariamente le quitó un jonrón a Ty France. Le quitó algo que ya nunca podremos saber: dónde habría terminado aquella pelota.”
Hasta Bob Uecker terminó participando
El mánager de Milwaukee, Pat Murphy, encontró después una explicación bastante menos científica. Bromeó con que Bob Uecker, la legendaria voz de los Brewers, había puesto una mano sobre aquella pelota para enviarla hacia Chourio.
Era humor, pero también una manera muy de béisbol de explicar una jugada difícil de olvidar. Durante unos segundos, en el noveno inning de un partido de postemporada, intervinieron un bateador, un lanzador, un jardinero… y un cable del techo. Jackson Merrill conectó después una línea que terminó en el guante de Luis Lara y Milwaukee conservó el 3-2.
Chicago y Los Ángeles hicieron su trabajo
Las dos historias extraordinarias no borran el resto de la jornada. Chicago derrotó 3-0 a Cleveland: Munetaka Murakami produjo dos carreras con un jonrón de 440 pies y Grant Taylor completó un salvamento de cuatro entradas, con seis ponches y ninguna carrera permitida. Los Guardians terminaron con apenas tres hits.
Los Dodgers vencieron 5-3 a Atlanta. Teoscar Hernández terminó de 4-2, con jonrón, dos impulsadas y dos anotadas; su cuadrangular de dos carreras recorrió 431 pies. Tarik Skubal trabajó seis entradas, permitió dos hits y una carrera limpia y ponchó a siete.
No tuvieron la rareza de Tampa o Milwaukee, pero en la clasificación valen exactamente lo mismo. Los cuatro ganadores terminaron la primera jornada con ventaja en sus respectivas series.
Lo que el boxscore no cuenta
La primera jornada de las Series Divisionales terminó con cuatro equipos delante. Eso quedará registrado, pero un resultado nunca cuenta por completo un partido.
Un 1-0 contuvo un intento de no-hitter que sobrevivió hasta el octavo y terminó con el mismo bateador que lo rompió eliminado tratando de alcanzar tercera. Un 3-2 escondió una pelota de 105.3 mph y 49° cuyo vuelo fue interrumpido por un cable, y una discusión que los datos terminaron haciendo mucho más interesante de lo que sugería la primera impresión.
Una historia nació de la precisión de Rasmussen. La otra, de una combinación improbable de béisbol, arquitectura y física. Ambas terminaron exactamente igual para quienes ganaron: 1-0 en la serie.
Los resultados nos dicen quién ganó.
Lo demás es lo que hizo memorable la jornada.
Víctor Eric De Los Santos
El Diamante y la Cancha (EDC)

